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Parque Mawünko: donde nace el agua

Actualizado: ene 13


Desde el Hotel Cabaña del Lago, Puerto Varas, decidimos emprender ruta a Chiloé. La verdad cruzar a la isla en pandemia no fue tarea fácil. Al menos 7 papeles teníamos cada uno dando vueltas en el auto y después de más de un atado, logramos pasar. Esto fue así

de difícil ya que viajamos en una época en la que Chiloé se encontraba en cuarentena. Salimos a las 8:30 am y a eso de las 11 ya estábamos por Ancud.


En el cruce de Lajas Blancas nos juntamos con Vanessa, bióloga ambiental de Patagonia Rural y Coordinadora en el proyecto Parque Mawünko. Desde aquí iniciamos un camino de ripio de unos 12 km. El parque se ubica en una cuenca hidrográfica, encargada de abastecer de agua a la comuna de Ancud.


Llegar a Mawünko es entrar en territorio sagrado para los huilliches, ya que para ellos donde nace el agua son lugares de conexión con la naturaleza y espacios creados para limpiar las malas energías.


Vanessa nos explica que quieren reconectar a las personas con la naturaleza a través del elemento agua y la cultura local, “es una oportunidad para educar a la gente, y decirles “esto que tú ves para otros es un santuario, cuídalo” ”, dice.


Además, le da un encanto distinto que uno pueda vivir la experiencia, todo lo relacionado a la cultura ancestral huilliche será realizado por la comunidad indígena de Lajas Blancas. “Luego de explicar cómo funciona el ritual de agua para los huilliches existirá la posibilidad de tener contacto directo con el agua de las cascadas. Esto hace que uno sea más respetuoso con el entorno”, explica Vanessa.


Uno de los principales objetivos que se han puesto es el contribuir a la regeneración del bosque nativo, y con ello favorecer la acumulación de agua. Por lo que durante 2 meses y junto a más de 10 personas realizaron la plantación de 2800 árboles de 9 especies nativas. Esto nos lleva a ir topándonos con árboles chiquititos en el camino. Me llama la atención un mirador que se ve a lo lejos, estaba en plena construcción y según lo que nos explica la guía será un lugar para poder mirar en 360°.




La caminata de ida comienza con una vista privilegiada al mar. Hay contrastes de verdes con azules que hacen de este mirador un lugar lleno de paz. A medida en que seguimos caminando comenzamos a descender metiéndonos dentro del bosque. El Chucao canta durante todo nuestro trayecto, y a medida en que avanzamos el sonido natural del agua cayendo nos empieza a abrazar. La humedad se empieza a sentir.


Este lugar nos lleva a una conexión interna diferente. Valorando cada elemento de la naturaleza que nos topamos. Se nota que el parque busca que los visitantes tomen conciencia de la vida que nos rodea, “los animales tienen vida, los árboles tienen vida, el

agua tiene energía, todo lo que vemos esta vivo y tenemos que cuidarlo”, comenta Vanessa mientras va mirando los árboles.


Después de unos 30 minutos de caminata en bajada (en los que pasamos de estar a 800 metros de altura a tan solo 80) y ya haber pasado por otros miradores de cascadas llegamos a la caída de agua final. Era un lugar tan lindo, perfecto para sentarse a escuchar el bosque. Vanessa me invita a bañarme en la cascada y yo no me puedo resistir a esa tentación.



No les voy a mentir, el agua congelada casi me deja inmóvil, pero después de unos minutos de fuerza mental logré hundirme.

¡Se siente tan bien el agua helada y estar rodeada de naturaleza! Es igual de cómodo que estar en la casa de uno. Me llegaban gotitas de la caída del agua a la cara. Flotaba con la mirada perdida en el cielo, mi vista eran algunas ramas y unas paredes verdes gigantes llenas de plantas. Sentía que el agua estaba en movimiento. Y eso me hacía pensar en lo que me había dicho Vanessa, “todo está vivo”.


A veces, cuando conozco lugares como este no me entra en la cabeza que la naturaleza sea tan perfecta, tan acogedora. Que un simple chapuzón te devuelva vida, te dé energía, te haga sentir más fuerte que nunca. El parque Mawünko me devolvía la energía que había perdido durante la cuarentena, este lugar, de alguna extraña manera me hacía sentir que yo después de todo era más fuerte de lo que imaginaba.



Me pasaron cosas en estas tierras. Siempre me habían dicho que Chiloé es una "isla mágica", que pasan cosas raras. Y la verdad no se como narrar lo que fue para mi esta experiencia.

Esta vivencia no solo me revitalizó, sino que de alguna forma me “curó”. Vanessa me explicaba que para los Huilliches hacer esto es un ritual muy importante, ya que las comunidades indígenas creen en las energías sanadoras que tiene el agua, incluso, me contaba que muchos hacen este ritual para eliminar las malas energías, como una forma de comenzar de nuevo.


Lo más impresionante fue que a la ida pasamos por un nido en el que habían dos huevos de Picaflor y a la vuelta ¡Serendipia! Nos encontramos con que uno acababa de nacer. En esos minutos en los que yo me bañaba en la Cascada este bosque había recibido una nueva vida, con Vanessa nos reíamos emocionadas, yo claramente al borde del llanto.


Sin ser exagerada, creo que me podría quedar a vivir en este lugar. El río, la cascada, los pájaros, el conjunto de todo lo hacía perfecto. Por lo bien que me hizo, me atrevo a decir que Mawünko, el parque donde nace el agua, es una parada obligada en Chiloé. De verdad, si se les da la oportunidad de conocerlo, no la dejen pasar.


Recomendaciones para este lugar:

- Contactarlos antes para ver si estarán abiertos cuando piensan ir (parquemawunko en Instagram)

- Ser respetuosos y educados con el medio ambiente

- Llevar bototos o zapatillas de trekking

- Bloqueador

- Una mente abierta para entender una cultura ajena.

- Ropa para vivir todas las estaciones en un par de horas (a mi a la ida me toco calor pero a la vuelta un frío que ameritaba parka).


¡Así estaba cuando subimos!




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Sobre mi

Tengo 24 años y  soy una periodista fanática de la calle, la naturaleza, la fotografía y las personas.

Me gusta conocer y aprender distintas cosas, mejor si lo puedo hacer en el exterior. 

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